miércoles, 9 de junio de 2010

Hegel y el Terminator

Los primeros tres capítulos de la Fenomenología del Espíritu están dedicados al esfuerzo de una conciencia que trata de captar el ser del mundo con la palabra. Decir. Es todo lo que hace y se da cuenta una y otra vez de cómo su decir no se ajusta a la riqueza del mundo. Sospecha que hay algo más. Ajá! en el centro dialéctico de la conciencia encontramos la sospecha como motor hacia una superación. Dice Vals Plana: si la conciencia quiere alcanzar lo que se propone debe abandonar los límites que se ha impuesto. Pues bien, ese avance sólo es posible porque la conciencia sospecha que hay algo más. Canta Lou Reed: "in the back of my mind i was afraid it could be true". Pues eso, sospechas y vas más lejos. El problema, sin embargo, es cómo asumir una sospechas, como disolver la conciencia que sabía poco y ponerse a hablar desde la incertidumbre de la sospecha, es decir, de ese saber descompuesto pero firme en sus aspiraciones. Cuando la conciencia acepta el reto de decir de esa manera, sorprendentemente esa incertidumbre se convierte en liberación. La conciencia líquida avanza, sin forma no reconoce como el terminator 2000 los barrotes que la frenan. Sin duda este tipo debía estar bien enamorado o bien acojonado. Un perseguidor: quizás sólo quisiera arrancar una confesión de amor a terminator viejo que, acojonado de tal sujeto (auto)superador no dejaba de darle escopetazos. Pero es normal, cuando uno es una conciencia líquida, al resto no le queda más que acojonarse. Sólo las conciencias líquidas se reconocen (mutuamente: oh, extraña contradicción) como los dionisiacos. En medio del día se cruzan una mirada y ella está la complicidad de saberse moviendose entre las cosas como el petroleo que avance sorteando todas las barreras. liquidez significante. ¿qué mas quieres? nada, seguir. no quiero nada.

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