La conciencia teme ciertas compañías: son aquellas tareas en las que uno se ve sobrepasado, aquellos otros en los que la palabra se queda suspendida y uno apenas alcanza a balbucear. Pero la conciencia nunca
deja de sospechar, hay siempre en ella un saber más grande del que ella posee. ¿Cómo avanzar? ahh, duro es el camino y pasa por donde no pasa (por donde no había previsto). No se puede atravesar sino perdiéndose a sí mismo. Hay que soltar lastre para atravesar: ¿cuanto? todo el lastre. Hay que dejarlo todo, no ya para volver a empezar sino para continuar. Lo contrario es un regreso. La conciencia teme su propia disolución pero nada ama más cuando está en ella. Si quieres llegar hasta donde te habías propuesto hay que dejar atrás los límites que te habías impuesto.Hacia la disolución la conciencia avanza temerosa, pero aquí, fundiéndose con su objeto de temor, la conciencia encuentra su saber. En el miedo está el objeto de deseo y el objeto del saber. Echar mano de lo sublime y arrancar hacia el camino de fuego. Como en un hundimiento, hay que aguantar la respiración; el chapuzón primero nos dejará perdidos bajo el agua, pero en ese aliento aguantado y en el fondo están las fuerzas para tomar impulso y renacer. Qué pereza,todo esto para continuar. Pero ojo: no es poco. Dice: "este niño vivirá hasta el día en que se muera". Y ahora a realizar la hazaña (sospecha: ¿es acaso un enemigo el que motiva todo esto?)
martes, 8 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario